Todos los empleados se mantienen a la expectativa, desde el momento en que escuchan el nombre de su compañera en boca del nuevo jefe y dueño de la agencia.
La aludida se queda paralizada y con una sensación gélida en el pecho. ¿Qué debería decir, pensar o hacer? No tiene ni la más mínima idea.
—¿Se conocen? —inquiere Jeff, rompiendo el silencio tenso que se ha formado en el abarrotado espacio. Nadie responde nada, entonces el nombre le parece familiar al rubio de ojos esmeraldas, quien recuerda