Después de cenar, Adam le brinda un helado a su amiga. Ellos se sientan en unos asientos cementados, pegados a las grandes rocas que los separan del mar.
La brisa fría de la noche les levanta el cabello a ambos y les provoca escalofríos a sus cuerpos.
—Puesto que no tenemos abrigo, debemos darnos calor, Sammy —espeta Adam con una sonrisa ladina, cargada de maldad.
Ella lo mira desorbitada y, es cuando él se sienta detrás de ella y la abraza desde esa posición, que esta cae en cuenta a qué se re