53. ¿Sabes cuantos ataques cardiacos me acabo de ahorrar?
— Lo que dijiste hace rato… ¿es cierto? — musitó ella contra su boca, llevaban alrededor de veinte minutos besándose y ninguno de los dos parecía incómodo en lo absoluto — ¿Tú… tú me amas?
Emilio ladeó una sonrisa y tomó su rostro entre sus manos, pegando su frente a la suya mirándola directo a los ojos. Esa hadita encantada era su vida entera… ¿cómo había podido ser tan imbécil y hacerla sentir insegura? No se lo perdonaba, debía enmendar ese error tan pronto como fuese posible.
— Brujita, te