Alexa le pide a una sirvienta que les lleve té al jardín trasero, donde ellos se sientan a conversar bajo la luz de la luna y la brisa fresca de la noche. Liah aspira encantando. Había extrañado mucho la frescura del ambiente, pero teme que pronto ese continente también sufra lo mismo que el de los humanos si no recuperan la piedra roja.
—¿Creen que Legna esté dormida? —inquiere Liah, ansioso por ver a su nieta.
—Es lo menos que ha de estar haciendo esa loca —responde Ryan con una mueca de asco