Alexa se puso a reír al verme celoso, no quería dejarla ni loco e iba a parecer piojo pegado al pelo, pensaba seguirla en cada vuelta que diera.
— Muy bien, después no salgas pegando cuatro gritos — ella se levantó — es hora de ir a trabajar, apresúrate en desayunar y deja los platos en el fregadero.
Nosotros salimos de casa y la jornada en el restaurante fue exactamente la misma, me encontraba en la oficina de papá cuando Alexa entró y justo en ese momento mi celular sonó.
— Disculpa, tengo