Accedí a columpiarme y Jesse se puso detrás de mí mientras empujaba el columpio en el que por muchos años habíamos jugado.
— Por cierto, ¿Tú limpiaste toda la maleza? — miré hacía atrás y Jesse me empujo — vamos, contesta de una buena vez que estoy con la duda.
— Si, yo lo hice — nuevamente me empujo — tenías la maleza muy crecida y a ese paso solamente te ibas a meter en problema si alguna serpiente le picaba a alguien.
— Gracias, ya tenía algo abandonada la casa pero la realidad es que con