Dimitri miró a Amelia con una mirada severa.
—No puedes echarte para atrás.
Ella sostuvo su mirada apenas un segundo antes de responder, con un tono que rozaba la provocación.
—Sí, sí, ya sé. O de lo contrario me quitarás a mi bebé. Aún lo recuerdo.
Su irreverencia lo llevó a apretar la mandíbula.
—No te lo quitaré si no me obligas a hacerlo —murmuró con voz baja, más controlada que amenazante.
Amelia arqueó una ceja.
—Eso no suena tranquilizador.
—No estoy intentando tranquilizarte —replicó é