CAMERON
Tras unas horas muy convulsas, papá obligó a sus tres hijos sanos a ir a casa, darse un baño y comer algo. Si queríamos, que claro que queríamos, podíamos regresar.
El tío Don conducía el auto que nos llevó de regreso a casa. Colin iba de copiloto, y mis hermanos y yo decidimos ir un poco apretados atrás, pero juntos.
Tenía la mente dispersa, debía admitirlo. Estaba sentado al final, y tuve que mantener una máscara de serenidad mientras la prensa nos veía a la salida del hospital; sin e