La rabia e impotencia que siento en este momento no se comparan a nada de lo que haya sentido alguna vez.
El pelinegro que hasta el momento se mantenía inmóvil en la puerta mirándome como un idiota mira a mi padre y carraspea antes de hablar.
— Señor… ¿Acaso escuché bien? — me da una mirada fugaz y gruño. — creí que Michael se encargaría de seguridad de la señorita Campbell.
Miro al frente apretando las agarraderas de la silla. Que este idiota sea el hombre que se convertirá en mi sombra me hac