Camilo, con una sonrisa todavía en los labios, levantó las manos en señal de inocencia.
—Solo quería asegurarme de que estuvieras bien, Debora. No quise molestarte.
Pero el gesto, lejos de tranquilizarla, la hizo sentir aún más incómoda. La mirada de Camilo, aunque llena de amabilidad, tenía algo que la inquietaba profundamente. Sentía que su espacio personal estaba siendo violado por esa constante presencia.
—Necesito un poco de espacio, Camilo. Por favor, entiende —dijo Debora, tratando de ma