No puedes huir de mi, Debora

—¡Papi, no maltrates a ese hombre! —gritó una pequeña niña de extremo a extremo, causando impacto entre los presentes, principalmente en Jarli.

—Te has salvado esta vez, maldito —dijo uno de los hombres, aparentemente el padre de la niña, quien la alzó en sus brazos.

Jarli, acostado en el suelo y sin poder moverse, respiró hondo y trató de calmarse. Su pierna estaba destrozada por el dolor, apenas podía estirarse.

—¿Qué has hecho, Debora? —susurró Jarli con decepción en sus palabras.

**Minutos
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