La confesión.
Cuando Laura entró, Martín, aún molesto, recogía los objetos que el padre de Bárbara había roto en su arrebato. El sonido del vidrio roto resonaba en la oficina, y la frustración se reflejaba en su rostro. Al ver a Laura, asumió de inmediato que venía a presentar su renuncia nuevamente.
—Como puedes ver, no estoy ni de humor ni tengo tiempo para hablar de tu renuncia. Déjame, por favor —dijo, mientras recogía dos libros que colocó con gesto enojado en el estante, como si cada movimiento fuera