Mundo ficciónIniciar sesiónAiyana, tenía las dos manos sumergidas en el río en espera de un buen pez hasta que la consiguió, todas ellas comenzaron a sacar peces que atrapaban y los ponían en las cestas a sus espaldas.
—Que no se les escape ninguno —les decía Aiyana, a cada nueva captura, las alentaba a continuar y a sentirse satisfechas con sus logros.
Sin preocuparse por otra cosa se concentraron en su labor mientr







