POR GASTÓN
Cuando entré a la habitación de Delfina, ella estaba saliendo de la ducha.
En ese instante me dominaron mis instintos.
No dejé ni que se vista, le recorrí, con mis besos, todo el cuerpo, necesitaba sentir su piel y poseer su cuerpo.
Estaba hechizado por ella, no podía dejar de besarla.
Cuando mi lengua llegó a su vagina, ella se sacudía casi violentamente y yo estaba excitado como nunca, cuando llegó a su orgasmo yo ya había perdido la razón, estaba por eyacular.
-Delfi me voy…ahhh,