POR DELFINA
Cuando volvimos, Camila nos recibió feliz, aunque lloró angustiada porque nos había extrañado.
Hablábamos dos veces por día con ella, pero a nuestra luna de miel no la podíamos llevar.
Le trajimos varios regalos, la angustia se le pasó cuando por la noche le permitimos dormir en el medio de nuestra cama, Gastón le aclaró mil veces que era solo por ese día.
Nuestra vida siguió, feliz, como una familia, Camila era nuestra hija, sí, yo la consideraba mía.
Iniciamos los trámites para qu