Pensé que diciendo que quiero casarme con ella, todo se iba a arreglar.
Se secó las lágrimas.
Yo le sonreí.
-Pero…
¡Mierdaaaaa!
-No quiero ver en tu ropa esa purpurina que usan esas mujeres en el pecho, no quiero excusas ni que me digas que no sabés cómo llegó a tu ropa, te digo, desde ahora, que aunque estemos casados, si venís con brillos, conmigo no tenés vuelta atrás.
Me puso límites, cero jodas.
En parte la comprendo.
-No quiero excusas como que estaba borracho o no me corrí a tiempo.
Me c