No sabía qué hacer, no esperaba que regresara tan pronto de su viaje, mi boca se secó, pero debía contarle lo que había pasado.
Arturo me convenció para no hacerlo, me convenció de no decirle nada, pues nos veíamos muy mal, parecía una historia inventada, una justificación, nos veíamos culpables sin serlo.
Fuimos al médico, me examinaron, así como a él, nos hicieron exámenes toxicológicos, pero los resultados no estarían tan pronto, al menos me quedó el alivio de saber que no me tocaron, que no