Capítulo treinta y ocho.
Agustin volvió a besar a Anna y esta vez con más pasión. Así estuvieron por un rato besándose apasionadamente, ese era un momento mágico entre los dos.
Después de un rato solo se quedaron abrazados disfrutando el uno del otro.
Esas dos personas en ese balcón sin duda se amaban profundamente, solo que los malentendidos los había hecho dudar de lo que sentían el uno por el otro, no había duda del amor de ambos y ya era tiempo de reconocerlo. Agustín haría cualquier cosa por conquistar todos los