Sheila Fernand
Ya Eran las ocho de la noche, cuando el timbre de mi apartamento sonó. Mi corazón acérelo porque después de tanto tiempo volveré a verlo.
Cuando abrí la puerta era él. Él estaba allí parado en la puerta.
Sus ojos brillaban y mi corazón sentía un cosquilleo. Me abrazo y me beso. Me sentí tan bien en sus brazos, hacía tanto que extrañaba este momento. Después de los calurosos abrazo nos sentamos.
_ Sheila, por Dios. ¿Por qué nunca contestaste mis llamadas? ¿Dónde dejaste tu otr