“Ay”.
Con cada embestida, me pellizca los pezones hasta que empiezo a rebotar contra su verga, quitándole el control.
Él arrastra los dedos por mis muslos y sube por mi vientre mientras gime. Sus ojos oscilan entre mirar mi cuerpo y mirarme en el espejo.
“¡Está jodidamente apretado!”, gime mientras me abalanzo sobre su verga.
Damien gruñe con los dientes apretados, apretándome las tetas contra el pecho y siento cómo se le hincha aún más cuando mis músculos se aprietan a su alrededor.
Echo l