Raven
Todos los días me sentaba y esperaba. Treinta días y todavía nada. Completo silencio. Ni un solo enlace mental, nada, pero él seguía vivo.
Me apoyo en la escalera, dejando que se hunda en mi espalda mientras cierro los ojos intentando forzar que se abra un enlace entre nosotros.
“¡¿Por qué no funciona?!”, le grito a Midnight. Mi cordura pendía de un hilo.
‘Ya sabes por qué’, murmura ella en respuesta, igual de frustrada.
“Pues es una razón jodidamente estúpida”. No debería tener que