POV/ ADRIAN
El silencio de la habitación de hotel en Goiânia fue el mayor momento de paz que tuve em años. Ver a Clara durmiendo, con el rostro sereno tras una noche de entrega absoluta, casi me hizo creer que yo podría ser apenas Adrian. No el Emperador, no el CEO, ni el carcelero de una mujer moribunda. Apenas un hombre amando a una mujer.
Fui al baño y el visor de mi celular iluminó la barra, vibrando como un aviso de ejecución. Doce llamadas perdidas de Sarah. Ignoré con un rugido. La odiab