Piero cerró la pañalera de Alba y revisó la habitación para cerciorarse de que no se había olvidado de nada.
Nerea iba a regresar ese día y él iba a ir a recogerla al aeropuerto. Su vuelo debía aterrizar a las tres de la tarde, así que aún estaba a tiempo. Debía admitir que estaba nervioso. Los últimos días sus llamadas habían sido cortas. Piero había estado demasiado distraído a causa la aparición de la madre de Alba. Le preocupaba como Nerea se iba a tomar la noticia cuando se lo dijera.
—¿