Piero invitó a Santiago a sentarse. Él era el investigador privado que su padre le había recomendado para encargarse de encontrar a la madre de Alba. Sus antecedentes demostraban que era uno de los mejores en lo que hacía, pero hasta ahora no le había dado una información útil.
—¿Hay alguna novedad?
—No, es como si la mujer hubiera desaparecido de la faz de la tierra después de dejar a la bebé. He revisado las cámaras cercanas a la zona y aunque logré identificarla en un par de ellas, se mezcló