Nerea había cumplido con su misión. Piero y Alba se habían realizado su prueba de ADN y ella no tenía nada más que hacer allí. Necesitaba marcharse a su departamento para lamerse sus heridas en privado, pero primero debía encontrar la manera de escapar de Piero.
Él la había tomado de la mano en cuanto salieron de la sala de exámenes y no la había soltado desde entonces. No iba a aceptar lo mucho que le gustaba ese simple gesto.
—Tomaré un taxi.
Piero continuó caminando.
—Piero, por favor. —S