Sebastián no supo cómo llegó al edificio donde estaba el departamento de Helena sin estrellarse con el auto, su mente daba vueltas en miles de pensamientos que estaban presionando sus sienes y en su visión veía todo rojo por la doble traición, además de que sus lágrimas pedían salir de sus ojos tristes nublando más su vista.
Necesitaba a Helena, necesitaba un abrazo de la joven, que lo consolara y le dijera que todo iba a estar bien, y que lo amaba, necesitaba de su medicina del amor.
Llegó al