“¿De verdad creías que sería tan fácil escapar de mí?”, se burla él.
Levantando las piernas, le doy un rodillazo en las pelotas, haciéndole soltar un grito. Despego de nuevo sin importarme a dónde voy. Solo quería alejarme de él.
Se recupera rápido, porque poco después siento que una mano me rodea el tobillo. Da un tirón y vuelvo a caer con un ruido sordo, golpeándome la barbilla contra el suelo. Se me echa encima antes de que pueda recuperarme.
“¡Perra!”, me grita antes de abofetearme con f