SIN UN CORAZÓN, UN ALFA NO ES NADA (II)
La frustración y el autorreproche de Zade se condensaron en una furia silenciosa que recorría sus venas como fuego líquido. Se puso de pie bruscamente, su silla cayendo atrás con un estrépito que resonó en el estudio como un disparo. Caminó con pasos pesados hacia la ventana, su reflejo en el cristal era una sombra distorsionada de su ser. Su puño se cerró con tanta fuerza que sus nudillos se volvieron blancos, y con un rugido que brotaba de lo más profun