ENTRE SUSURROS Y CARICIAS.
ENTRE SUSURROS Y CARICIAS.
El amanecer bañaba el patio del castillo con una luz dorada y suave, el escenario perfecto para una lección de combate. Zade, con su postura seria y sus músculos tensos, se preparaba para enseñar a Luna las artes de la defensa personal.
―Recuerda mantener tu guardia alta, ―instruyó, levantando los brazos de Luna para posicionarlos correctamente. Sus manos grandes y callosas rozaban la piel suave de Luna, provocando un escalofrío que recorrió su columna.
―Pero, ¿y si q