ALFA MALAKAY.
ALFA MALAKAY.
Zade observaba, desesperado, mientras la vida de Lorenzo se desvanecía como la última luz del atardecer. En ese momento crítico, un grupo de figuras plateadas emergió entre los árboles: la manada Snow. Sus cabellos, como hilos de luna, tejían esperanza en la penumbra del bosque. El viejo Delta, con su porte digno y su mirada cargada de sabiduría, se acercó a Luna sin perder un segundo.
—Señorita Luna, hemos escuchado el llamado de Malakay.
Luna, con el alivio inundando su rostro