No sé quién era el extraño, pero definitivamente quería hablar con el.
— Bien chicas, es hora de pasar a la cita. — Nos guiaron para poder sentarnos.
— ¿Por qué decidiste besarme en la frente?
— Estabas temblando. — Su voz me pareció familiar.
- ¿Emmett?
— Si. Soy yo.
— ¿Qué haces aquí?
— Lo mismo que tú. Con la diferencia de que ya sabía quién sería mi cita.
— Estás haciendo trampa.
— En la guerra y en el amor todo se vale. — Me quite esa estúpida venda. El estaba muy sonriente. — Te ves muy guapa.
— ¿Cómo te atreves a planear una cita sin mi consentimiento? ¿Eres un acosador?
- Quizás.
— Quiero que desaparezcas.
— No tengo ese poder. Y si lo tuviera, lo usaría para meterme a tu casa sin que te des cuenta. ¿Eso te gustaría?
— Quiero que te alejes de mi.
— Fuiste tu la que entró a mi vida primero. Tu llegaste a mi empresa, te advertí que no apareciera de nuevo y seguiste ahí. Ahora estás pagando las consecuencias de tus propios actos.
— Estás loco. —