Otro día amanecía y Airin no quería salir de la cama. Las palabras del chef Ko habían estado dando vueltas en su cabeza toda la noche, como un eco constante de desaliento y crítica. Cada vez que cerraba los ojos, parecía escuchar su voz fría y despectiva, recordándole su aparente falta de valía y habilidades.
Con un suspiro, Airin se levantó de la cama y se estiró, sintiendo la tensión acumulada en sus músculos. Se dirigió hacia la ventana y dejó que los débiles rayos de sol acariciaran su rost