Capítulo 80: Verdades.
—Ese perro infiel… ¿Cómo se atreve a engañarme con una mustia de clase baja? Y yo todavía que fui a recogerlo… —
Elara estaba furiosa. Había visto a Cedric con esa mujer desconocida de ropa humilde que se notaba que no era de diseñador. Necesitaba averiguar quién era esa maldita, no iba a dejar la fortuna de los diez billones en manos de una zorra miserable y pobretona.
—Cariño, vine tan rápido como me has llamado, ¿Qué ocurrió? — Maximiliano llegaba casi a tropezones al elegante restaurante.
—