El aire en la oficina de la presidencia era espeso, sofocante, cargado con el veneno invisible de una noticia que amenazaba con derrumbar todo lo que me había costado reconstruir. La noticia del compromiso roto de Zara flotaba sobre el ambiente de la empresa como un gas tóxico. Aunque los titulares en las revistas de sociedad intentaban maquillar la ruptura con explicaciones diplomáticas y frases vacías sobre «diferencias irreconciliables», yo conocía a Zara mejor que nadie. Sabía exactamente l