ZOE
Alexander llevaba dos días evitándome.
No de una manera evidente. Eso habría requerido admitir que mi presencia le afectaba. Simplemente había dejado de buscar cualquier excusa para acercarse, las discusiones sobre la campaña terminaban antes de convertirse en algo personal y, cuando coincidíamos en una reunión, me trataba con la misma cortesía distante que utilizaría con cualquier empleada.
Debería haberme encantado.
En cambio, me irritaba descubrir que su indiferencia podía provocarme cas