Felipe le echó una mirada desde el espejo retrovisor.
La calma y la forma de expresarse de Gabriela le sorprendieron.
Él dijo: —Muy bien.
Ya no había sonrisa en el rostro de Gabriela.
La sonrisa que llevaba en la empresa.
Era una máscara necesaria.
Ahora, con la situación de Rodrigo incierta, tenía que estar alerta.
Se frotó la cara con fuerza.
Al llegar a casa.
Vio que Dalia también había vuelto.
Recién bajada del coche de Águila.
—Señora.
Dalia se acercó: —Iré contigo.
Gabriela preguntó: —¿Qué