Capítulo 907
Águila no se sorprendió por su repentino despertar, sino que preguntó suavemente: —Señora, ¿ha despertado?

Gabriela miró a Águila, se estabilizó y preguntó: —¿Qué me pasó?

—Se desmayó —dijo Águila.

La mirada de Gabriela barría la habitación, y sus pensamientos lentamente regresaron mientras intentaba sentarse en la cama. Águila extendió su mano para ayudarla, pero ella la apartó: —No es necesario.

Ella podía sentarse por sí misma.

Águila pausó su mano.

Y luego la retraía detrás de él.

Gabriela l
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