Águila no se sorprendió por su repentino despertar, sino que preguntó suavemente: —Señora, ¿ha despertado?
Gabriela miró a Águila, se estabilizó y preguntó: —¿Qué me pasó?
—Se desmayó —dijo Águila.
La mirada de Gabriela barría la habitación, y sus pensamientos lentamente regresaron mientras intentaba sentarse en la cama. Águila extendió su mano para ayudarla, pero ella la apartó: —No es necesario.
Ella podía sentarse por sí misma.
Águila pausó su mano.
Y luego la retraía detrás de él.
Gabriela l