Felipe se rió: —Solo estaba bromeando contigo.
Estela se levantó: —Tú sigue comiendo.
Felipe la sujetó: —¿En serio te enojaste? Entonces tú búrlate de mí.
Estela lo miró fijamente: —¿Cómo has cambiado tanto?
Casi no lo reconocía.
¡El de antes no era así!
¿Cómo logró cambiar tanto su personalidad en tan poco tiempo?
—No estoy tratando de hacerte feliz?— Felipe la hizo sentar. —Está bien, ya no te molestaré más, toma este pedazo de carne y búrlate de mí.
Estela se rió a pesar del enojo.
—No quiero