Gabriela miró hacia la persona que se acercaba.
—Señora Lozano, el señor Lozano me ha instruido que la lleve al cuarto de descanso.
Pero Gabriela no confiaba tan fácilmente y miró hacia Rodrigo.
Justo en ese momento él también miraba en esta dirección.
Asintió ligeramente con la cabeza, sus ojos señalando que había sido él quien lo había arreglado.
Solo entonces Gabriela se tranquilizó y dijo: —Gracias.
—Por favor —dijo el hombre y caminó delante de ella como un caballero mostrando el camino.
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