Gabriela se quedó sin palabras.
Su agarre al volante se tensó.
Gabriela, respondió suavemente: —Sí.
Su voz era tenue, pero Rodrigo pudo escucharla claramente.
Una leve sonrisa se formó en la comisura de sus labios.
Cuando regresaron a casa y se fueron a dormir, Rodrigo la abrazó.
Su cuerpo estaba muy tenso.
Rodrigo sintió que estaba abrazando una piedra cálida.
Ella estaba tan rígida que Rodrigo decidió hablar con ella para distraer su atención: —Gabriela, ¿sabes cómo manejé a las familias del s