Capítulo 727
Ricardo se recostaba en el asiento, cubierto con una manta ligera.

Estaba demacrado y agotado, con profundas arrugas en el cuello, ojos hundidos y sin brillo, y su rostro estaba lleno de manchas de la vejez irregular.

Este hombre, que debería haber estado rodeado de nietos y disfrutando de la compañía de su familia, parecía solitario y desolado.

Gabriela no sentía ninguna lástima por él.

Porque todo esto era resultado de sus propias acciones.

No podía culpar a nadie más.

—Sé por qué me buscas, s
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