Mateo la siguió besando y ya estaba preparado para seguir amándola, ahora sí tenía miedo que se despertaran las gemelas, eso lo puso mal, pensando que ella se merecía horas de amor, no un poco de sexo rápido, por si los inerrumpían niñas ajenas.
Sin embargo, siguieron los dos abrazados, sintiendo que ese abrazo eran caricias para su alma.
Mateo, durante un apasionado beso, metió su mano por debajo del corpiño de la malla de Karina y notó, de nuevo, como ella pretendió salir de sus brazos.
Él no