-Ese tipo estacionó su carro donde no debía y me insultó, él es el culpable de todo-, decía muy alterado mi padre lazando puñetazos al aire, rebuznando como un rinoceronte furioso. Intenté calmarlo, pero él era un barril de pólvora a punto de hacer explosión. Los policías querían llevarlo detenido. -Ese tipo fue el que inició la pelea-, reclamé, también colérica defendiendo a mi padre. Los vecinos me estimaban mucho, sabían que yo era doctora, que ayudaba a pacientes con problemas graves, y se