Yo jamás había llorado por un hombre tanto como lo hacía por Marcus Green. Me parecía perfecto en todo el sentido de la palabra. Majestuoso, hermoso, altivo, gallardo súper romántico y lo que hacía o decía era una melodía, una poesía que me encandilaba y me emocionaba. Yo no quería que mis padres me vieran llorando, así es que me encerraba en el baño o me hundía en mis almohadas, ahogando mi llanto porque me sentía muy dolida y humillada y mi único consuelo era llorar amargamente.
No sabí