Dos días después, me llamó Fabiola, bastante entusiasmada, riendo a cada momento. -Buenas noticias, doctora, la señora Green pagó la terapia de esta semana y se ha comprometido con seguir pagando las consultas de las atenciones de Marcus-, me dijo con un tonito eufórico que me contagió. Eso me devolvió el buen ánimo, porque entonces podría seguir visitando y viendo a Marcus y continuar con su tratamiento. Yo ya pensaba haberlo perdido definitivamente y sin embargo, ahora podría volver a seguir