De regreso a la clínica encontré al señor Peña, otro de mis pacientes, que estaba de salida luego de haber cumplido con su cita médica. -¡¡¡Doctora Povilaityté!!!-, se emocionó al verme.
-¿Cómo va su tratamiento, señor Peña?-, le di un besote en su mejilla que lo azoró.
-Progresando-, me dijo con el rostro sin embargo desencajado, afligido y desilusionado, casi como perdido en el limbo. No me podía engañar. No había mejorado ni un ápice. Yo sabía que no era verdad lo de su progreso. Sus