El romance con Louis se hizo, entonces, muy lindo y poético, distinto, muy apacible, como un remanso en un valle, un oasis paradisíaco o una postal que solo hablaba de cosas hermosas, de pasiones profundas y grandes emociones. Él me esperaba en la panadería, muy atento, con sus parabólicas encendidas, aguardando de que yo llegara de la clínica, siempre con una bolsita de empanadas calentitas que él mismo había hecho con mucho afán y amor. Nos íbamos entonces a pasear por la ciudad, a la playa