—No voy a entrar ahí—, dijo Sasha con obstinación, mirando las puertas de caoba. El Rey Alfa estaba detrás de ella, con las manos sobre los hombros.
—Creo que deberíais perdonaros el uno al otro—, le indicó, dándole un ligero empujón hacia la puerta. Sasha gruñó.
—Esa zorra no se lo merece—, dijo Sasha, poniendo todo su empeño en la mirada que lanzó a la puerta, como si Marcela estuviera delante de ella.
—Si te disculpas, ella también lo hará—, tentó Tate. Sasha suspiró y se volvió para mirar a