150. La sangre.

La sangre.

Maximiliano se puso de pie de inmediato; no lo dudó ni un solo instante. Mara llegó con él. Tenía un cuenco de barro en una mano y, cuando llegó con el Alfa, lo tomó por la muñeca, levantando la mano en el aire. Pronunció unas cuantas palabras, algo que yo no logré identificar; seguramente era lo que me había contado Franco: el idioma de la gente del bosque. Cualquiera podría utilizar la magia si podía encontrar las palabras, así como el transformista — Ese — había usado para escap
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