PUNTO DE VISITA DE CAMILLE
Cuando me acerqué a Neal, pude ver la ira en los ojos de mis hijos.
Era como si ya supieran algo. Mis pasos se hicieron más lentos cuando llegué al banco.
Neal levantó la vista para verme, entrecerrando los ojos para bloquear el sol que ardía detrás de mí.
"Oye", saludó.
Le ofrecí una cálida sonrisa. Quizás por un adiós que no duró ni un día. "Ey."
"Lo siento", continuó.
"No tienes la culpa aquí", le aseguré. Era la verdad. Mi ira no podía inclinarse hacia él. Él fu